Por: María de Lourdes Vaello

São Paulo, es una ciudad vibrante, por cuyas venas pulsa la adrenalina y un dinamismo inagotable. A primera instancia es irreverente y pudiera aparentar ser de desmedida intimidación. Sin embargo, la enérgica urbe esconde miles de secretos que, junto a la ayuda de los locales, terminará cautivando cada fibra del cuerpo. Entre la niebla de partículas tóxicas que arropa la ciudad, característico de las grandes urbes del mundo, transitan cerca de doce millones de personas o ‘paulistanos’ como se hacen llamar. Miles de personas de más de cien antecedentes del mundo, llaman a San Pablo (por su traducción en castellano) su hogar, convirtiendo la ciudad en una de las urbes más variadas y eclécticas en América Latina. São Paulo, alberga la población de japoneses de mayor número, fuera de Japón al igual que la comunidad de italianos más densa fuera de Italia. A su vez, la ciudad ubicada al sureste de Brasil, cuenta con una rica cantidad de ciudadanos de ascendencia árabe, griega, china, polaca, peruana y boliviana.

A São Paulo no solo le invade una avalancha de ofertas culturales como museos, bares-teatros, cines, centros culturales, localidades de teatro experimental y más, sino la ciudad es anfitriona de la parada de orgullo gay más grande del mundo. Adicionalmente, en la ciudad, al igual que en el resto de Brasil, se siente la pulsante pasión por el fútbol, motor que conduce la embriaguez de los fines de semana y las discusiones acaloradas en el bar más cercano, por lo que en caso de visitar la ciudad brasileña, se debe intentar tener la experiencia de ver un partido de uno de los tres equipos regionales más conocidos como: Palmeiras, Corinthians y São Paulo FC.

La ciudad más rica de Brasil se transforma por las noches, pues la escena noctámbula es una que opera hasta las altas horas de la madrugada y muchos argumentarán que no cesa nunca. Independientemente, existen sobre quince mil opciones de fiesta para quienes prefieran la experiencia disquera nocturna que el paso sosegado y paulatino de otras ciudades del país. A diferencia de Rio de Janeiro, São Paulo, no cuenta con las playas paradisiacas ni las montañas de frondoso verdor de la ciudad también surestina, pues la última intercambia el mar salado por el mar de concreto sin nunca abandonar su peculiar encanto.

El Museo de Arte de São Paulo, el Museo Afro-Brasil y el Museo da Língua Portuguesa, figuran entre los museos más importantes de la ciudad y enaltecen la rica cultura y las aportaciones artísticas que varios brasileños han contribuido al resto del mundo. El segundo se encuentra en el área verde más extensa de São Paulo, el Parque Ibirapuera, cuyo uso trasciende innumerables alternativas de performance y conciertos y contiene algunas edificaciones realizadas por el arquitecto modernista Oscar Niemeyer.

Finalmente, São Paulo camina al mismo son que sus habitantes, con rítmica cadencia entre el caótico fluir de automóviles. No obstante visitar la metrópolis prueba ser un deleite para quienes deseen saborear la distintiva oferta culinaria o pasearse entre las imponentes catedrales y teatros que decoran las aceras. Independientemente del motivo que llame a un visitante a ir, la ciudad nunca aplacará las ganas de conocer más.