Muchos conocerán la ciudad alemana por las fotografías que ilustran los hábitos festivos durante el esperado e icónico festival, Oktoberfest en las cuales imperan los colores de la abanderada: rojo, amarillo y negro, y es que para la ciudad cuna de la feria de cervezas más grande del mundo, el evento prueba ser un atractivo turístico que reúne a más de seis millones de personas en los meses de septiembre y octubre. No obstante, la ciudad ubicada en la región de Bavaria, en el sur del país Europeo, contiene mucho más que cervezas de tamaño desproporcionado, salchichas, y mujeres corpulentas que circulan entre las mesas luciendo los coloridos y ceñidos dirndls que tantas compañías de disfraces se lucran de mercadear durante las festividades de Halloween. Pues, la extraoficial capital del sur de Alemania, agrupa algunos de las innovaciones de mayor ingenio y envergadura que se colocan yuxtapuestas con la arquitectura gótica que comienza desde la fundación oficial de la metrópolis en el siglo XII.

A pesar que en años recientes la ciudad se ha convertido en un atractivo para compañías de tecnología y electrónicos como Siemens, Microsoft, y SAP, en sus calles merodea un aire antiguo que se intensifica con las fachadas decoradas con la intrínseca meticulosidad del periodo barroco y con las tejas color terracota que enfilan los techados piramidales. Muchos de las edificaciones dispersas por el perímetro de la urbe, obligan a los espectadores a detenerse y dejarse consumir por su invaluable encanto. Desde el Residenzmuseum, imponente palacio que sirvió de residencia para los gobernantes de la región de Bavaria por poco más de cuatro siglos, la innumerable oferta cultural que abarca sobre veinte museos entre los cuales se incluye el Münchner Stadtmuseum (museo sobre la historia de Múnich contada de una forma integrativa y cautivadora) y el Bayerisches Nationalmuseum (edificio de tres niveles para los amantes del arte dispuestos a caminar por horas), hasta el Englischer Garten (Jardín Inglés), cuya expansión trasciende cinco kilómetros, convirtiéndolo en uno de los parques más grandes del mundo, Múnich tiene algo que ofrecer para todo tipo de viajero y viajera.

Adicionalmente, desde Múnich, el traslado a otros atractivos turísticos es accesible y relativamente rápido, pues a tan solo dos horas del centro de la metrópolis, se encuentra el castillo Neuschwanstein, cuya infraestructura sirvió de inspiración para la construcción del castillo de La Bella Durmiente, epicentro turístico del parque floridano, Magic Kingdom. Además, la ciudad paradisíaca de Salzburgo (lugar de nacimiento del compositor Mozart y centro de rodaje del filme The Sound of Music) yace a tan solo hora y media de Múnich, ya que asomándose entre la frontera de Alemania y Austria, la proximidad entre ambas ciudades convierte esa desviación en una necesidad.

Finalmente, para visitar una ciudad que se encuentra en una eterna coyuntura histórica entre lo jovial y lo medieval, solo se necesitan visitantes dispuestos a sumergirse en la constante órbita transformativa que la caracteriza.