Su ineludible aroma a fritura anuncia el comienzo de una experiencia gastronómica capaz de enamorar a cualquiera que nunca ha saboreado los manjares caribeños. Las ondas de humo trazan en su aire, un seductor baile de tabaco. Sus hileras de bocinas y altoparlantes resuenan los variados arreglos musicales que, de acuerdo con la intensidad del volumen, se entrelazan siempre en armonía. En el fondo se oyen palabras del sonoro léxico hispano que siempre abrazan a aquellos que extrañan sus tierras y hacen del vivir en los Estados Unidos una experiencia más familiar y acogedora. Y es que Miami, para miles de latinos, es eso. Un escape, un núcleo donde convergen los sonoros repiques de una cultura que se amolda a una estructura desconocida y ajena y tilda a la urbe con el merecido sobrenombre de “La Capital de América Latina”.

Ubicada en el estado de Florida, Miami provoca la extraña sensación de sentirse en un micro país dentro de la nación estadounidense. Pues, a pesar de hospedar a miles de personas de diferentes nacionalidades, indudablemente predominan aquellas de origen hispano. Ya que se estima que aproximadamente setenta por ciento de la población citadina habla el idioma castellano. No obstante, Miami ha probado ser uno de los destinos turísticos más frecuentados en los Estados Unidos por las infinitas y atractivas costas que el mar abraza en la península floridana. La metrópolis, además, atrae a los amantes de las compras por su ecléctica variedad de tiendas que no existen fuera de su litoral y su vibrante vida nocturna hace del despedirse de la ciudad una tarea casi imposible de ejecutar. Adicionalmente, la pulsante escena artística ha catalogado a Miami como un epicentro de galerías y exhibiciones donde artistas locales e internaciones aprovechan la privilegiada localización de la urbe para apelar a todos los mercados que ella engloba.

Lamentablemente, es una realidad que Miami carece de un eficiente sistema de transportación público y su siempre en alce costo de vida ruptura los bolsillos de cualquier emprendedor de módicos recursos. Sin embargo, muchos habitantes hacen caso omiso a los costosos gastos de los cuales tienen que incurrir, con tal de absorber lo hermoso que pulsa por las venas de la metrópolis. Basta con pasearse por las calles de Little Havana (y definitivamente asistir al famoso festival latino en La Calle Ocho), husmear la fragancia a café y tabaco que carga la brisa, y trazar los pasos de los miles de cubanos que aterrizaron en sus costas en los años sesenta, para entender el desarrollo de una ciudad que vive en eterna transculturalidad.

Finalmente, visitar la ciudad sede de equipos de gran fanaticada como los Miami Heat, para el baloncesto, o los Dolphins para el fútbol americano, evidencia que los imponentes rascacielos y sus comercios con productos a sobre precio no determina el espíritu pícaro que aún impera en sus calles y que vive impregnado en la cotidianidad de la gente que la habita.

Por: María de Lourdes Vaello