Cuando estudiaba en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Melissa Cortés ya tenía varios años viviendo por su cuenta, pues a los dieciséis años la joven optó por empacar sus pertenencias y emprender en una ruta que la llevaría a conocer Puerto Rico y más adelante el mundo. Una vez ingresada en la institución, la emprendedora de 37 años de edad, siguió una carrera en psicología que nunca ejerció por desinterés. No obstante, ya habiendo obtenido su diploma y atraída por el mundo efímero y cautivador de la fotografía, la viajera, junto con un colega, alistaron sus vehículos y equipo técnico y sin algún destino en particular, recorrieron innumerables localidades de poca difusión en Puerto Rico con el fin de retratar su impoluto misticismo.

“Vimos tantos lugares hermosos de que nos levantábamos a veces para retratar un amanecer y eso era visitar tres y cuatro municipios por día. Fuimos por toda la isla al punto que creo que no se nos quedó un municipio sin visitar”, expresó Cortés con un rostro iluminado como quien atesora los recuerdos con inmensurable apego. Los compañeros de trabajo prescindieron de sus fotografías para generar capital, pues la viajera destacó que varias agencias de publicidad, entre otros clientes, se enlistaban para comprar sus retratos con fines promocionales, aspecto que dio pie forzado para que pudieran expandir sus talentos y trasladarlos fuera de la isla. Habiendo compilado un monto substancial de clientes interesados dispuestos a sufragar sus gastos, los jóvenes circularon varias coordenadas del Caribe y luego los Estados Unidos con instrucciones específicas de destacar la belleza paisajística del oeste, región que más frecuentaron y estudiaron con mayor detenimiento. Así desarrollaron un afán por el turismo alternativo, ecológico y holístico, ya que pudieron adentrarse en los numerosos parques protegidos que decoran la inmensidad terrenal del país.

“Fuimos a Yosemite en los Estados Unidos, luego a Hawái. Estuvimos diez años en ese vaivén y entonces como yo estaba increíblemente impresionada por el mundo, cuando regresamos de Hawái le compartí a mi compañero que quería regresar a la universidad a estudiar geografía así que volví a Puerto Rico y eso hice”, verbalizó sobre su trayectoria académica y cuyos conocimientos ha logrado implementar en los proyectos profesionales que preside.

Sentada sobre un taburete blanco, la emprendedora lucía una falda estampada de tonalidades rojizas y negras. Yuxtapuestas al dulce calibre de su voz, el ruido de una licuadora irrumpía en el fondo, hecho que obligaba a una a ubicarse en la viva escena que caracteriza El Mercado Local, que está en continuo movimiento y transformación. El Mercado Local, es la fuente de energías de Melissa, la encomienda más reciente que decidió atinar y que cuida con el mismo afecto y tesón que a su propio retoño de 8 años, Kai Lucas. “Es un proyecto para que mujeres empresarias comiencen a hacer sus negocios en un lugar que compartimos el espacio, la promoción, el mercadeo, los clientes y de esa forma cada empresaria no tiene que empezar sola, sin ayuda, sino aquí yo las ayudo a montar sus kioskos y de esa forma que rapidito todas podamos tener clientela” entabló la propietaria y creadora del concepto. Fue en ese Mercado que Melissa se adueñó de su memoria y relató su experiencia más reciente de viaje de naturaleza hermosa e inusual a la vez.

Con una sonrisa que se alargaba de mejilla a mejilla, la comerciante contó sobre su experiencia visitando Múnich, ciudad del sur de Alemania y cuna del famoso festival Oktoberfest, donde vivió junto a su hijo por dos meses. Por motivos lejanos a las festividades atractivas de la ciudad que captura la atención de miles de viajeros alrededor del planeta, la joven dirigió su destino al país Europeo para “salvar mi vida”, según confesó. Pues, previo a partir, Cortés fue diagnosticada con el virus coliosis ulcerativa, una enfermada poco conocida que atacaba sus órganos y debilitaba su sistema inmunológico impidiendo su rendimiento profesional, personal y social.

“Desarrollé el virus que atacaba mi intestino y fue lo que me llevo a hacer este viaje a Alemania. Yo fui luego de 7 años de estar con una condición de salud bastante grave. Hice todo lo que los doctores me pidieron hasta que me cansé y decidí que no quería tomar más medicamentos. Todo comenzó durante mi embarazo. Al quedar embarazada de Kai Lucas comencé a tener muchas complicaciones de salud así que me hice todos los estudios habidos y por haber. Finalmente me diagnostican con un virus para el cual no existe tratamiento en Puerto Rico”, explicó Cortés quien criticó asiduamente las recomendaciones profesionales de tantos médicos que visitó en la isla quienes le referían medicamentos y modificaciones dietéticas que probaban ser infructíferas y, a veces, nocivas para su bienestar.

“Cambié mi dieta como veinte veces. Fui vegetariana, vegana y hasta intenté la ‘dieta cruda’ pero nada me ayudaba. Llegó al punto que yo hacía mis propios teses de lo limpio que tenía que comer”, dijo. Entonces fue que Cortés encontró información sobre un doctor muy codiciado en Alemania que trataba su tipo de condición y con quien alcanzar una cita podría tardar meses e incluso años en conseguir. Sin embargo, tras meses de muchos esfuerzos, cartas e intentos de comunicación, se le accedió el periodo de tratamiento en manos del doctor, cuya lista de clientes abarca algunos jefes de estado. Tan pronto se le aprueba el procedimiento médico, Melissa decide llevar a su hijo consigo, disintiendo de las recomendaciones de sus amistades y oponiéndose a varios miembros de su familia. Pues, la empresaria explicó que nadie conocía su estado mejor que su hijo y para ella su presencia iba a probar ser crucial para su sanación.

Los meses y el monto de casi 20 mil dólares que invirtió en la encomienda, rindieron frutos, pues en pocas semanas Cortés ya comenzó a ver cambios en su estado físico, anímico y emocional. Comenzó a recuperar vida y pudo llevar a su hijo a otras ciudades en el continente europeo proveyendo una experiencia amena para el niño.

Finalmente, a pesar que el destino principal lo decidió la madre, Cortés siente que la participación de los niños en la toma de decisiones en el traslado es sumamente importante y proporciona una experiencia de mutualidad en la cual ambas voces son escuchadas y consideradas. Opina que el presumir que se sepa y se tome por cierto los intereses de los niños pudiera cohibirles de oportunidades de vida que podrían ser sumamente enriquecedoras para ambas parte. “Mi hijo y yo nos sentamos frente a un mapa y en conjunto decidimos qué países ir a ver. Ese proceso fue bien bonito como madre e hijo… Que el niño tome la decisión de hacia dónde ir a veces pudiera ser difícil pero en realidad le crea una curiosidad y al incluirlo en el plan, es diferente… Honestamente se lo recomiendo a todas madres y van a ver cómo la relación cambia y se transforma”, puntualizó.