Por: María de Lourdes Vaello Calderón

La capital de Inglaterra es una ecléctica, limpia, y con una impresionante variedad de actividades recreativas. Su historia converge con el dinamismo moderno que la caracteriza en la actualidad. Basta reconocer que Londres es una de las ciudades más hermosas del mundo con la mera realización que la ciudad situada en el río Támesis es sede de cuatro Patrimonios de la Humanidad: La Torre de Londres, el barrio de Greenwich, el Palacio de Westminster y los Reales Jardines Botánicos de Kew. Para visitar todos los atractivos turísticos esparcidos por todo el perímetro, se necesita más de una semana de estadía y un presupuesto significativo, pues la ciudad exige un alto costo de vida y turismo.

No obstante, la rica oferta cultural hace valer la pena el financiamiento, pues, entre otras atracciones, Londres alberga algunos de los museos más reconocidos en el mundo. Algunos de los más destacados son: el Museo Británico, Museo de Historia Natural, Museo de las Ciencias, Albert Museum, National Gallery, entre otros. Adicionalmente, es meritorio mencionar otros puntos turísticos que engalanan la ciudad y enamoran a sus peatones. El reconocido Tower Bridge, construido en el año 1984, el Big Ben, torre con un simbolismo inequívoco de la ciudad, la Abadía de Westminster, el Palacio de Buckingham, residencia de la familia real británica y la Catedral de San Pablo componen una mínima parte de estos ejemplos.

Finalmente, a pesar que la ciudad cuenta con el sistema de tranvía subterráneo más antiguo del mundo, no solapa el metro que diariamente transporta a miles de personas. El mismo, cuenta con 12 líneas, accesibilizando todos los destinos y puntos de encuentro. La ciudad prueba ser un deleite tanto para los turistas como para los locales, y al uno darse la oportunidad de explorarla se garantizará una experiencia de gran enriquecimiento cultural y personal.