Jan Susler ha dedicado los últimos cuarenta años de su vida a la práctica de la defensa legal de varios presos y presas políticas de Puerto Rico. La abogada de 66 años de edad y oriunda de la ciudad de Chicago en el estado de Illinois, comenzó la encrucijada de mucha satisfacción y sacrificios, en el año 1975 mientras formaba parte de la organización National Lawyer’s Guild, cuyo cuerpo consiste de abogados de tendencias progresistas. Desde entonces, su compromiso hacia la justicia la ha obligado a trasladarse sola a varias ciudades de los Estados Unidos por motivos ajenos al ocio y al placer.

Para la estadounidense, quien no tenía ningún vínculo con Puerto Rico hasta el momento, su inmersión en los casos de los reos políticos de la isla comenzó por iniciativa de un compañero de trabajo quien “trabajaba con el caso de los puertorriqueños… él me llama para decirme que necesitaba que yo viera a sus clientes y como sabía que yo trabajaba con esa comunidad, me procuró y lo he continuado hasta hoy”, estableció la abogada y profesora.

Susler, ha invertido gran parte de su trabajo y empeño profesional a la asistencia legal de quienes “son el blanco de mucho discrimen, mucha pena desproporcionada, mucha segregación y aislamiento punitivo, que no tiene nada que ver con el comportamiento sino con quiénes son políticamente”, señaló como símbolo de crítica de las condiciones de vivienda carcelaria a las cuales las prisiones estadounidenses someten a sus confinados políticos que son significativamente inferiores que las demás. Pues, según la abogada, los presos políticos tienden a recibir sentencias de desproporcionada duración (refiriéndolos como “lifers” a quienes tienen 30 años como tiempo mínimo de cumplimiento). Posterior al juicio, normalmente se les asigna una cárcel de máxima seguridad donde las oportunidades de contacto con el exterior son mucho más limitadas.

Haciendo mención de otros ejemplos, la estadounidense de perfecta habla hispana recapituló su experiencia trabajando con presos políticos puertorriqueños a quienes se les privaba el permiso de asistir a los funerales de sus padres cuando fallecían durante el periodo de su confinamiento a pesar de haberse otorgado a otros en la misma situación. Adicionalmente, se les negaba atención médica porque representa una forma de tortura y negligencia voluntaria. “Mayormente, la política de la cárcel de Estados Unidos, en cuanto a los presos políticos, ha sido no solo de aislarlos de la comunidad política o la comunidad [étnica] puertorriqueña, negra o india, sino romperlos. Quieren ver si pueden [lograr] que ellos rechacen la política que resultó en su encarcelamiento y hay muchas formas de hacerlo, mayormente a través de la tortura y el aislamiento total”, destacó.

Susler trajo a colación el caso del preso político Oscar López Rivera, de quien obra como abogada, y a quien ha acompañado en reuniones, convenciones y tribunales en varias ciudades de los Estados Unidos. La representante del preso político septuagenario, viaja a ver a su cliente con regularidad en una prisión en Indiana y admite que a pesar de haber formado una parte integral en la excarcelación de varios presos políticos, “formar parte de algo que tiene tanta vida y que aprecia tanto el compromiso de Óscar a su ideal, la libertad de su pueblo, es algo que me llena con tanta energía y vida que yo estoy privilegiada de estar en esa posición”.

Su repertorio de experiencias en el gremio trasciende la representación de presos políticos isleños, pues Susler ha abogado por miembros del Ejército Negro de Liberación, ex panteras negras, comunidades indígenas y muchas mujeres encarceladas por disidencia y subversión y a quienes se les ha subyugado a un trato de igual infamia que los hombres. Para la licenciada, su experiencia representando mujeres ha sido “maravillosa” según describió, pues admite que en cuanto se refiere a mujeres incautadas por motivaciones políticas, las autoridades se encuentran en una coyuntura confusa y no saben cómo proceder ante esas circunstancias.

“El gobierno nunca ha sabido cómo bregar con mujeres presas políticas, talvez porque los números son menos y porque el gobierno no está tan experimentado y también por el machismo, que subestima el rol político de las mujeres”, destacó. Además, Susler explicó que existe una línea distintiva que separa la experiencia carcelaria de los hombres y la de las mujeres. Pues, muchas de las mujeres presas políticas que aterrizan en las celdas son madres y a pesar de las circunstancias en las cuales se encontraban “nunca dejaron de ser madres”, recordó la sexagenaria. Las mismas continuaron ejerciendo con gran empeño una función maternal dentro y fuera de las celdas, pues ofrecían clases de: aeróbicos, educación sobre el SIDA, alfabetización, español e historia de Puerto Rico a las otras mujeres reclusas que las acompañaban en la sentencia. Para Susler, la insistencia de amenizar el tiempo tras las rejas era, “una forma de abrazar la comunidad donde uno se ubica para mejorar el mundo de todas”, por lo que a través de la creatividad y la educación encontraron una forma de resistir ante el poder y al quebrantamiento de espíritu al cual fueron expuestas.

A pesar de las carentes oportunidades de empleo y de reintegración a la cotidianidad que tristemente les aguarda a reos recién puestos en libertad, los presos y presas políticas puertorriqueñas viven una experiencia muy distinta una vez aterrizan en suelo isleño. “Los presos políticos caen en los brazos de un pueblo que los quiere”, subrayó la abogada mencionando el caso del ex confinado Carlos Alberto Torres, quien luego de 30 años tras rejas, lo recibieron cientos de personas en el aeropuerto con pancartas, homenajeando el compromiso del puertorriqueño y el afecto de una nación agradecida.

“La dinámica que se da en Puerto Rico es muy diferente y es lo que le esperara a Oscar”, expresó aludiendo a su cliente. “Volver a la vida que tenías antes es imposible. Los hijos ya crecieron y es un tiempo que no se puede reponer. Es comenzar una vida nueva, de aprender a utilizar un celular, de volver a conocer a las familias luego de tantos años de no poder abrazarse libremente, de no poder comer juntos en una mesa, es comenzar a vivir en el mundo de hoy”, dijo.

A lo largo de su carrera, la defensora de la justicia, ha recibido apoyo desmesurado de parte de su familia y compañeros de trabajo quienes respetan y apoyan su trabajo. Por lo que ante la petición de ofrecer algún consejo a mujeres interesadas en la misma orientación profesional, Sussler señaló que, “Todo lo que he aprendido de las boricuas es que ninguna le diría que no al reto. Yo creo que la mujer puertorriqueña tiene mucha fuerza”, haciendo mención de las abogadas, las doctoras y las líderes comunitarias, que dirigen sus encomiendas con inagotable tenacidad. Finalmente concluyó, “Trabajar en lo que hago ha sido una aventura, una oportunidad de aprender de la misma gente que me ha enriquecido en la vida. La dichosa soy yo.”

Por: María de Lourdes Vaello