A diferencia de tantas adolescentes que a sus catorce años de edad están por empezar la escuela superior, la adolescencia de Gabriella Pagán fue una atípica. La empresaria de 27 años narró que a esa edad comenzó a trabajar en el modelaje, industria que proporcionó las debidas oportunidades para que la beldad viajara a Colombia y a Perú con el fin de posar para unos catálogos de moda.

Por lo que al recibir un contrato con una prestigiosa agencia de modelaje y talento, vislumbró oportunidades de capital, y junto con el aval de sus padres, la joven optó por adelantar su educación secundaria y a sus 18 años se mudó a la ciudad de Miami en el estado de Florida.

“Yo quería trabajar en el modelaje. En décimo grado me sacaron de la escuela y pude avanzar y graduarme por estudios avanzados. En el 2008 ya estaba viviendo sola en South Beach con ofertas de ir a Sudáfrica y así empezó mi interés en viajar y conocer el mundo… como me interesó tanto quise dedicarme a eso y dejé la escuela”, destacó la ex modelo, sonriente y memorativa.

La empresaria abundó que al trasladarse a la ciudad floridana, convivió con otras mujeres modelos de gran renombre, muchas de las cuales apenas contaban con catorce y quince años de edad. No obstante, a pesar que Pagán admitió no saber qué hacía al comenzar su estadía, la experiencia de verse obligada a cumplir con tareas básicas de supervivencia la infatuó aún más con los conceptos de libertad y descubrimiento. Sin embargo, la emprendedora y gestora de proyectos creativos, reconoció que al cabo de ocho meses de vivir en Miami, ansiaba hacer más con sus destrezas y talentos, pues según confesó, “el modelaje ya no me llenaba y me dio necesidad de ver a mi familia”, por lo que alistó sus pertenencias y regresó al seno de su familia y su isla.

Para Pagán, el retorno a la isla, dio pie forzado para retomar experiencias inconclusas como lo había sido su carrera académica. La joven se matriculó en cursos de premédica e idiomas en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. No obstante, su vena empresarial pulsaba y como un imán, la atrajo a gestar iniciativas de venta y proyectos de envergadura. Pagán, entonces, se despidió de la Universidad y focalizó sus esfuerzos y energías al desarrollo de varios negocios, algunos de los cuales aún preside.

Desde entonces, la empresaria viaja primordialmente por motivos del empleo, y ha recorrido varias ciudades en los Estados Unidos para llevar sus ideas a otros rincones del país. “Viajar por negocio es bien necesario. Estás conociendo a tu cliente cara a cara, le estás dando ‘face value’ y eso no tiene precio. Así realmente captas la vibra de la persona, cosa que por teléfono no se puede hacer. Además, cuando viajo, como siempre es con agenda… el espacio de ocio personal es limitado. Igual me lo disfruto y contacto a mis amistades que viven en esos lugares.”, dictó la autogestora.

El más reciente de todos, según contó, fue a los estados de Colorado y California para asistir a una conferencia de potenciamiento a mujeres empresarias, “con agenda para hacer negocios en la industria de parafernalia”, pues, entre las múltiples iniciativas que lidera, Pagán fundó Monticello, un ‘smoke shop’ en la Calle Loíza.

Junto a una socia, Pagán reconoció una necesidad en esa comunidad en particular al percatarse de la escasez de alternativas para parafernalia de esta índole, cuya localización más cercana carecía de conveniencia. Con ardua planificación e intentos de enlazar suplidores de artículos para la localidad y sin conocimiento previo en manejo de negocios, abrieron las puertas de Monticello, que actualmente corre Pagán.

“Yo no sabía nada de esto. Cuando abrimos el smoke shop cogí clases de plan de negocios. Ella [mi socia] organizó el ‘brand’ o sea el nombre y logo y juntas firmamos contrato. Fuimos suficientemente afortunadas que en ese momento se empezaba a hablar de legalizar la marihuana así que conseguir a las personas interesadas en colaborar e inversionistas, fue fácil”, recordó. Para la propietaria, la creciente población favorecedora de la legalización del cannabis en la isla, es una ecléctica, cuyas necesidades del uso medicinal de la planta son variados y trascienden el mero interés recreativo. Desde que Monticello gestó, Pagán se ha convertido en “activista de la legalización de la marihuana”, según explicó y practica sus convicciones educando a su clientela sobre la planta, sus beneficios y los descubrimientos recientes de la misma. La joven abundó que se toma la tarea diaria de leer al menos siete artículos sobre los hallazgos e innovaciones en relación al cannabis.

Finalmente, Pagán puntualizó con aires de optimismo que, “desde que yo empecé en el negocio, había habido un cambio “Green” en la isla: los juicing, los huertos caseros y ese tipo de estilo de vida. Se nota que hay un aire de cambio. Estamos aceptando como colectivo que la manera que vivíamos ha sido incorrecta. Las personas están más abiertas al cannabis medicinal porque es un asunto serio, que le aplica a personas con diferentes tipo de impedimentos a todas las edades”.