Por: Mari Laura de las Teresas

Yo siempre vuelvo a Italia y cuando lo hago recuerdo dos sentimientos conflictivos que sentí la primera vez que visité: miedo al caminar la Borgo Pinti y tranquilidad de no sentirme sola nunca. Llegué a Florencia en el 2010 cuando de la nada decidí que era la mejor apuesta por mi educación universitaria. Fui a estudiar Ciencias Políticas, volví a estudiar Historia del Arte. Cuando me fui, mi madre se quedó muy preocupada porque yo estaría sola y no conocía a nadie. Su mayor consuelo fue comprarme la mayor cantidad posible de ropa interior y echarme las mil bendiciones.

En efecto yo sí estuve mucho tiempo sola, pero fue ahí cuando más parte del mundo me sentía. El primer día allí nos dijeron “Diviértanse, pero por favor, niñas, no caminen solas por la noche y menos por la Borgo Pinti”. Desde ese momento todas le cogimos miedo a esa calle porque escuchamos muchos cuentos muy violentos de lo que les pasaba a las mujeres que se atrevían a andar por ella. Todas buscamos un mapa, la Borgo Pinti era la única vía que nos conectaba a todas con nuestras casas cuando volvíamos del centro de la ciudad, donde estaban las discotecas. La dinámica era andar en grupo (como 5 mujeres) e irnos dejando en el lugar más cerca de las respectivas casas desde la Borgo Pinti. Yo era la penúltima siempre y caminaba un tramo de como 10 minutos, casi corriendo. De camino, rezaba un rosario con todas las letanías. Ahí era cuando el sentimiento de pánico me revolcaba el estómago. Las instrucciones para sobrevivir eran: suelta el celular, ten las llaves a la mano y mira para todos lados. Esa sensación de pánico se despejaba tan pronto llegaba a mi casa y le podía comunicar a alguien que estaba bien. Todas estábamos bien.

Hoy pensando en esto me doy cuenta que la sensación de peligro tiene muy poco que ver con el hecho de que yo andase sola, en contraste con la amenaza que siento por ser mujer, porque me piensan débil. Ni aún en ese tramo en el que caminaba sola, me sentía sola. Siempre sentí a mi madre cerca, y así también, sentía la mirada del otro, aunque fuera producto de mi imaginación. Aún así, es cierto que yo andaba sola en otro país, la latina negra de habla hispana era yo. Mientras vivía en Florencia tuve la oportunidad de visitar Barcelona con unos amigos en Halloween, a Marruecos con unas amigas como parte de un tour de degustación de culinaria y a París por mi cuenta. Sola sin dinero, y sin francés. Yo he sabido estar muy sola, pero han sido pocas las veces que me he sentido así y todas han sido en mi casa.

Así que, ¿Cómo nunca sentirte sola?

1. Respira profundo: el aire es distinto por cada ciudad, disfrútalo. Esto te traerá mucha tranquilidad  y podrás descubrir tu propio paso y tomar decisiones claras.

2. Anda con tu journal: escríbelo todo, detente, observa, y escribe. Cuando uno viaja se puede dar la libertad de ser rara: mira a la gente, haz listas de semejanzas y diferencias, escribe tus planes para el día, apunta las direcciones y los números de contacto, dibuja la iglesia, la casita, el arbolito, la fruta, todo. Apunta todo lo que gastas, los nombres de los restaurantes y de los meseros, recopila números, direcciones postales, frases populares y consejos. Describe los olores, los sabores, escribe cartas a tus seres queridos y a los no tan queridos, borra, tacha y vuelve a escribir.

3. Agarra un libro: vete a comer con el libro, ve al parque con el libro, camina con el libro. De esta forma, andarás con el autor, los personajes y sus historias. También así tendrás un entretenimiento en caso de que quieras callar tus pensamientos o apagar la nostalgia, en vez de recurrir a pedir el wifi y entrar a Facebook para verificar qué hacen los demás.

4. Usa un “fanny pack” como cartera. A mí me hace sentir muy segura y me quita la preocupación que me persiguen para robarme. Este tipo de cartera te deja las manos libres, perfecto por si tienes que correr, dar señales de emergencia y moverte por lugares muy concurridos con facilidad. También te insta a andar con solo lo necesario: dinero, id, el journal y el bolígrafo.

5. Recorre en bicicleta: no puedo hablar suficiente sobre esta sugerencia. Es lo mejor que podrías hacer, siempre. Es súper divertido, y te permite sentir el viento, recorrer la ciudad, reírte de la emoción o gritar del susto.

Con sólo mi español y mi sonrisa, yo he podido andar sola, por ahí, por todos lados, con precaución e intuición, y por esto hoy sé quién soy y a dónde voy. Solo puedo desearte la misma alegría.