Cuando Denise Fonseca vivía en Nicaragua se levantaba al ritmo de las olas que determinarían su rutina del día. Si el clima la favorecía, se lanzaba al mar para hacer lo que más disfruta en la vida: surfear. La puertorriqueña de 25 años, a quien sus amistades llaman Lola, llevaba practicando el deporte desde la isla hacía varios años, mas con un espíritu osado e irreverente, se compró un pasaje al país Centroamericano que solo marcará el comienzo de una larga y divertida historia de aventuras. Según narró para Yo Viajo Sola, Lola, quien posee un bachillerato en lenguas modernas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, compró su pasaje tan pronto obtuvo su diploma.

“Antes de comprarme el pasaje estuve ahorrando por dos años. Trabajando como mesera, dando clases de surfing, lo que fuera. Ahorré planificando un viaje para unas cuantas semanas pero terminé quedándome un año”, compartió la surfer. Sin embargo, atraída por las olas y sufragando sus gastos trabajando en un hostal, sus travesías la llevaron a recorrer múltiples países de América Central como Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y México. Según explicó, debido al bajo costo de vida de los países que visitó y como el hostal le pagaba con alojamiento, al trabajar como bartender, las propinas financiaban sus gastos misceláneos.

Transcurrido un año, su vida tomó un giro inesperado. Lola compró un boleto para Seattle, donde reside su hermana actualmente, mas sin considerar el costo de vida de la ciudad estadounidense, tuvo que recurrir a una decisión casi inmediata: quedarse o no. Según la surfer, quien actualmente trabaja como guía turística en el Viejo San Juan, lo que gastó en un año en América Central, equiparó en Seattle en tan solo cuatro meses. Fue entonces que la viajera se vio forzada a conseguir trabajo y tras solicitar a diversas agencias de surfing, consiguió empleo en California, aunque no tardó en velar por una plaza disponible en una escuela del deporte acuático en Nicaragua.

Su experiencia en el oeste de los Estados Unidos le demostró la añoranza que sentía por el país centroamericano al que quería volver. Pues, según explicó, había dejado sus mejores amistades surfiando sus olas preferidas. Había dejado su paraíso. Esperó por una respuesta a sus solicitudes y en pocos meses recibió el visto bueno. Al trasladarse nuevamente a Nicaragua, lugar que afirma ser su destino favorito, recomenzó las lecciones de surfing junto con las mismas amistades que ya extrañaba y con quienes había recorrido casi todo Mesoamérica.

Al regresar, a Denise le aguardaba una sorpresa, un porvenir imprevisto, pues según contó, “Me volví a encontrar con mi mejor amigo que es australiano. Él estaba surfiando en el Salvador con algunos amigos que trabajan en Europa y cuando nos conocimos me ofrecieron trabajo allá. Básicamente conseguí trabajo en San Sebastián y aunque quería hacerlo, tuve que pensarlo mucho por cuestión del dinero. ” Junto con la ayuda de una amiga quien aportó en el financiamiento de los gasto, Fonseca volvió a abordar un avión en dirección a Europa donde trabajó y vivió por los próximos cinco meses.

El recorrido extenso al que Lola se ha osado le ha provocado empatizar con otros viajantes que desean venir a Puerto Rico. Según ella, la mayoría de sus amistades que han visitado o que desean visitar la isla, reevalúan el viaje por el alto costo que la isla les presenta. Por lo que Fonseca aspira a operar algún negocio en Puerto Rico enfocado exclusivamente en viajeros que vienen con presupuesto y desean vivir una experiencia local y llevadera como la que vivió ella en todas sus travesías.

Sobre todo, Lola desea viajar toda su vida, haciendo hincapié que el dinero, aunque importante, no determina las ganas de hacerlo, pues puntualizó que, “me gustaría viajar mi vida entera. La mejor decisión de mi vida fue comprarme un one-way ticket a Centroamérica.” Finalmente, la surfer concluyó, “Hazlo. Si tienes el dinero, y sobre todo las ganas, hazlo”.