Por: Bianca Graulau


“¿Pa’ qué tú vas pa’ Cuba sola? Eso es muy peligroso. Llama a ver si puedes cancelar el vuelo.”

Miento al decir que no consideré olvidar el viaje y quedarme en Puerto Rico en la seguridad de mi familia. No obstante, opté por mentirles a mis padres y les aseguré que no tenía miedo. Quería demostrarles, a ellos y a mí misma, que una mujer es completamente capaz de sentirse plena y segura en un lugar desconocido a solas, y gozárselo.

Fue un viaje liberador. El más que he tenido en mi vida. Y eso se lo debo a Cuba. Esa isla que me acogió con los brazos abiertos y me obligó a apreciar la riqueza de su historia y su cultura. Una vez de vuelta en suelo puertorriqueño, no tardé en hablar con mis amistades de mis experiencias e incentivarlos a que abordaran un avión en dirección a La Habana. Si te animas a darte la oportunidad de visitar esa tierra caribeña, comparto seis recomendaciones que te ayudarán a sacarle el mayor provecho al viaje.

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1. Conoce a todo el mundo que puedas.

Como reportera, esto es algo que hago a diario, pero sin el micrófono ni la cámara se me hace mucho más difícil sacarle conversación a extraños sin la excusa de una entrevista. Afortunadamente, el cubano tiene historias de más que contar y una innata amabilidad que te hace sentir en casa. El estar sola me obligó a presentarme y a escuchar historias y anécdotas como: unos profesores que compartieron sus opiniones sobre la política de su país y su apatía hacia ‘el imperio estadounidense’, una madre que confirió en mí su dolor, y un amigo que expresó su alegría al enterarse que su puerca parió cochinitos.

2. En lugar de un hotel, quédate en la casa de una familia cubana.

Mi experiencia hubiera sido totalmente diferente si no fuera por las recomendaciones, el cariño y el acojo de todas las familias con las que compartí en La Habana y Varadero. Tuve la suerte de encontrar dos parejas que me abrieron las puertas de su casa y velaron porque no me faltara nada. Me guiaron con sugerencias de restaurantes, transportación y atracciones turísticas. Mediante esta alternativa, estarías contribuyendo directamente al capital de familias cubanas y no a compañías hoteleras. Las habitaciones a través de Airbnb están entre los $30 y $50 la noche. 

3. Vive como los locales.

Tomar taxi a todas partes es fácil y resulta más cómodo comer en restaurantes con aire acondicionado. Pero vivir como la mayoría de los cubanos significa tomar el transporte público, como los famosos almendrones (los carros antiguos estadounidenses que imperan en las imágenes de La Habana) por solo 40 centavos y comer al aire libre bajo un sol de noventa grados. Pese a eso, esta opción te permite saborear una comida completa por tan solo $2.50 y el zumo de mangó más delicioso que jamás probarás. No solo es más barato, sino que estarás rodeado de locales en vez de turistas.

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4. Súbete a la tarima.

En Varadero los espectáculos son interactivos y los cantantes y bailarines a menudo invitan a la audiencia a ser parte de su presentación. No seas tímido o tímida. Canta, baila y goza con la gente cubana para que no te cuenten.

5. Pasa horas disfrutando del paraíso en Varadero.

Como mujer caribeña, a quien criaron rodeada de agua salada, me atrevo a decir que Varadero tiene las playas más bellas que he visto. La increíble blancura de la arena, la cual arropa un intenso mar azul, luce extraída de una pintura. Si te encuentras a solas, no habrá quien te apure y podrás pasar días y noches completas alimentando tu alma con la belleza de esta hermosa región.

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6. Camina las calles por tu cuenta.

Algo de lo cual los cubanos están sumamente orgullosos es de la seguridad de su país. A menudo hablan de que prácticamente nadie tiene armas de fuego y por tal razón, el peligro en la calle es mínimo. Las estadísticas parecen indicar que Cuba es uno de los países más seguros en Latinoamérica. Y por experiencia propia, puedo decir que me sentí tranquila en todo momento. Es una experiencia liberadora para una mujer poder caminar sola de noche y sentir seguridad.

En fin, Cuba es un país donde una se puede dar el lujo de sumergirse en su encanto y dejarse consumir por su gente, sus calles y la vibra que estas emanan. La isla cautiva, pero la gente enamora y solo se requiere una mente abierta, dos oídos atentos y un corazón receptivo para conseguirlo.