Respira sus áreas verdes, camina sus calles coloridas, inhala en ella la transformación de una ciudad con un pasado tumultuoso. Berlín te sorprenderá cada vez que parpadees.

La capital de Alemania juega con los sentidos, despierta las ganas de salivar ante el olorcillo de sus Bratwurst y sus cervezas, y a la vuelta de cada esquina te brinda otra razón para enamorarte.

Muchos conocen su rol histórico durante el siglo XX y el pasado difícil que la atormenta y supura todavía. Sin embargo, la ciudad alemana ha impresionado por su rápido y efectivo empeño de convertirse en un centro turístico, ambiental y cultural europeo.

En Berlín es fácil sucumbir a sus parques, pues 44 por ciento de la ciudad consiste de áreas verdes, e igualmente consumidor son sus museos que suman a 180 desplazados por la ciudad.  Estos atraen a más de 15 millones de turistas anualmente, pues la ciudad alberga el Museumsinsel, el museo universal más grande del mundo. Adicionalmente, Berlín es una de las pocas ciudades en el mundo que son sede de tres Patrimonios de la Humanidad según la UNESCO, pues se encuentran los parques y palacios de Potsdam, la Isla de los Museos y la Casas de Estilo Moderno (Siedlungen).

La diversa y atractiva oferta cultural, gastronómica y ecológica ha llamado la atención no solo de turistas sino de cientos de miles de estudiantes que aprovechan las políticas recientes de educación del país que ofrece educación gratuita y de calidad para tanto los locales como extranjeros. Desde luego, congruente a un tiempo histórico en el cual los costos de matrícula en los Estados Unidos alcanzan niveles estratosféricos, aquellos que se asientan en las universidades alemanas disfrutan de estos beneficios.

Recorrer esta ciudad nunca se ha visto tan favorable. La gentileza y el candor genuino de quienes la habitan convierten a Berlín en un foco de amor genuino que se multiplica todos los días en quienes tienen la dicha de visitarla.