He tenido muchos sueños a mis cortos 21 años. Ninguno ha sido tan fuerte como el de vivir en Nueva York. No sé con certeza de dónde vino el ímpetu de transitar la Gran Manzana desde la cotidianidad, pero aquí estoy. Van diez años desde que le dije a mami: “Yo quiero vivir en Nueva York”.  Y sí, me siento como un cliché andante.

¿Cuántas otras mujeres no se han establecido en Nueva York para perseguir una carrera en el campo de la moda? ¿Cuántas no vinieron porque se sentían inadecuadas en sus pueblos de origen? ¿Cuántas no dijeron desde pequeñas lo que yo ya he dicho tanto? Mi historia no es la primera. Lo sé. Pero que es única, eso sí.
A los 14 años decidí ser editora de modas. Esas chicas que van de desfile en desfile buscando las mejores piezas para los editoriales de sus revistas, que son invitadas a fiestas con diseñadores y reciben regalos de casas de moda semanalmente. Otro cliché. (Aunque créanme cuando les digo que la industria de la moda no es lo que parece).

Sin embargo, el sueño no ha muerto. De hecho, creció tanto que se volvió inherente a quien soy. Y así, Nueva York, la moda y yo; yo, la moda y Nueva York.

No que la decisión haya sido fácil o que haya llegado con una buena cantidad de críticas. Mi partida coincide con el éxodo de jóvenes puertorriqueños que parten de Puerto Rico por la crisis económica que adolece al país. Muchos piensan que me marcho porque la cosa está dura. No es así.

Me fui porque ya era hora de ir tras lo que quiero, luego de 6 años de internados, un intercambio, 4 años de bachillerato y una relación que me privó de dar el salto a mis 17 años. Es hora, porque los que trabajan fuerte por sus sueños, merecen -merecemos- una oportunidad.

Mudarme a Nueva York exigió dejar atrás las nociones de hogar, comodidad y estabilidad económica. Sé que no siempre estaré bien, pero también que, mientras siga mi intuición, la felicidad me encontrará. Tengo un propósito. El trabajo que hago me apasiona lo suficiente como para posponer una vida familiar y dedicarme a contar historias y contribuir a la industria de la moda.

Vine sola, pero no estoy sola. Tengo mi corillo, y conoceré otros más. Hay familia en todos lados, la familia también se escoge. Sola me construí, sola me lancé. Sola vivo en Nueva York.

Por: Frances Coral