Por Alejandra Rosa
Estás en una ciudad que nunca antes habías visitado –o regresas a una que ya extrañabas. Queda tanto por recorrer. Tienes un itinerario hecho o quizá has decidido confiar en el rumbo orgánico de las cosas. Salir a la calle y dejar que el viento dirija tus pasos.
Con tanto por andar, ¿por qué separar tiempo para escribir y leer? Son varias las razones, y acá te mencionamos algunas:
1. Escribimos porque algo hermoso pasa cuando viajamos. Desafiamos la gravedad y la escritura nos regala una ruta para recordar el milagro.
2. Escribimos porque justo en ese instante, desde ese diario, en ese país, vemos el mundo desde un crisol distinto, y podemos registrar con letras las dimensiones de ese lente para guardarlo, cual linterna, muy cerca del corazón.
3. Escribimos porque escribir es mirarse y viajar nos permite mirarnos muy adentro, casi al borde del silencio, y pensarnos cual somos y quisiéramos -podemos- ser.

Reading a book under aegean sun

4. Escribimos porque una calle nos pareció curiosa, un recoveco nos dibujó el pensamiento, un saludo nos abrazó la piel.
Escribimos para luego leer. Y leemos porque la memoria falla pero las letras nunca.
5. Escribimos para una tarde cualquiera, cuando se nos agote el aire y algunas -o muchas- cosas carezcan sentido, tener cómo regresar a aquel instante en el cual entendimos que el sentido nos lo dan nuestros pasos y supimos dónde pisar para vencer el suelo.
6. Leemos para reivindicar nuestra voluntad de vuelo.
7. Leemos para volver a casa -o para nunca regresar a ella. Para refugiarnos en un hogar a leguas -páginas- de distancia, o para justo lo contrario.
8. Leemos porque viajar es leer -espacios, culturas, rostros- y leer siempre es viajar.
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9. Leemos para pausar desde un lugar distinto, para antes de leer escoger un libro y empacarlo con fe, con la ilusión de una pausa aliciente.
10. Leemos porque una lectura, un detente, un respiro y un viaje quizá siempre hayan sido -y ojalá siempre sean- la misma cosa.