“Dije que iba a hacer las cosas que me hicieran feliz, y rompí con muchas cosas en mi vida. Acababa de cumplir los 40. (…) Ahí fue que de verdad yo dije, ¿sabes qué? Yo lo que quiero hacer es viajar”

 

“Siempre de pequeña viajaba, en los libros”, dice Nelly Cruz. Antes de que estudiara, trabajara y ahorrara, las letras habían comenzado a mostrarle a esta relacionista profesional la multiplicidad de páginas que tiene el universo. Para ella, viajar siempre ha sido ente cotidiano. “Siempre hay que viajar”, dice convencida, a meses de haber cumplido sus 50 años.

Cuando niña, visitó Nueva York “por la visita de la inmigración”. Esa que se hace para acompañar al familiar, al ser querido, a quien se ha trasladado de un suelo al otro, pero sigue presente en cariños isleños.

Luego, regresó. Esta vez para vivir sola en la ciudad de rascacielos. Allá estudió culturas caribeñas y latinoamericanas en New York University (NYU), trabajó, creció. Establecida en la ciudad cosmopolita, comenzó a formarse como viajera. Aprendió a guiar a sus 30 años, y ya con licencia en mano, a la vez que trabajaba en una librería, alquilaba carros para cruzar estados. Iba con mapa. Michigan. California. Vermont. Maine. Boston. También desde allá, partió a Grecia, su “primera gran aventura”, “al principio, donde todo comenzó”, como le nombra.

Viajó sin celular. Ese conveniente –o inconveniente- artefacto que ahora nos es tan cotidiano, no era tan popular en ese entonces. Para comunicarse con su madre, enviaba post cards. Su progenitora todavía las guarda.

“Fue un viaje bien económico, pero aun así para mí era una carga económica substancial”, recuerda, quien gestó malabares con tarjetas de crédito y otras vías de apoyo económico para lograr el viaje.

Adoró Mykonos. Nunca ha aprendido a ser una viajera ligera, pero aquella vez solo cargó con un bulto turquesa. Uno que lo mismo le sirvió para guardar ropa que para usar de almohada.

A Grecia le siguió Cuba. Visitó La Habana, Matanza, Varadero y otros sectores del oriente cubano. Todavía establecida en Nueva York, y mientras trabajaba en el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College, la trotamundos regresó a Cuba varias veces, antes de regresar a Puerto Rico.

Sobre el tema de la seguridad, cuenta y asegura que “una tiene que andar segura, con confianza. Tomar las precauciones que uno toma en cualquier lugar”.

Que andar sola un poco, o mucho, se trata de apostarle a utopías con los pies sumergidos en realidades alternas. De trascender miedos. De reencontrar libertades.

“Te sientes más libre de compartir con otras personas. Todo el mundo debe plantarse esa opción: hacer cosas sola. ¿Y qué mejor que viajar?”, se pregunta la comunicadora.

Tras establecerse en Viejo San Juan, se casó y comenzó a trabajar en la Compañía de Turismo de Puerto Rico. Durante esa etapa laboral, continuó viajando pero por motivos de empleo. Usualmente, con Nueva York o Texas como destino. Fue también en aquel entonces cuando visitó España por primera vez. Enero del 2003, cuatro días. Poco tiempo le bastó para cuestionarse por qué no había ido antes. Desde entonces, regresa cada que puede.

Años pasaron y, con cada primavera, nuevos horizontes. Entonces, pasó. Hubo brisa primaveral y hubo decisiones que tomar. Algo pasó. O algo llegó. Un deseo intrínseco por redescubrir eso de andar en solitario, aunque ni tan sola, porque ya era madre de Sebastián, adorado compañero de viajes.

“Dije que iba a hacer las cosas que me hicieran feliz, y rompí con muchas cosas en mi vida. Acababa de cumplir los 40. (…) Ahí fue que de verdad yo dije, ¿sabes qué? Yo lo que quiero hacer es viajar”, recuerda, quien renunció a su bien pagado puesto, contra toda lógica de sobrevivencia material, pero a favor de toda lógica de supervivencia emocional y espiritual. Quería otro ambiente. Otra vibra. Otra energía.

Eso. Súper-vivir.

Casi diez años han pasado desde entonces, y Nelly sigue viajando, siempre gestando cambios cada que se asoma la primavera. Una primavera se mudó, otra renunció a su trabajo, otra decidió divorciarse, tantas otras ha decidido viajar. Quizás sea que el aire de mayo siempre llega con entendimientos en el aire.

Tras aquel tiempo primaveral, Nelly agarró vuelo junto a su hijo Sebastián. Llegaron a Chile. Para esta trotamundos, viajar con su chico siempre ha sido un fin muy intencional. También han visitado Argentina, Perú, México y Barcelona.

“Yo quería que (él) pudiera entender la realidad de los distintos países del mundo. Que no todo es color de rosa pero tampoco que todo es gris. Que entendiera un poco cómo es la vida”, explica la puertorriqueña, tras afirmar que viajar “te da conocimientos. Te da experiencias que no te dan otras cosas. Nuevas amistades”.

De todos los lugares a los que ha viajado, la Ciudad de México guarda especial lugar en su listado de predilectos.

“Me mudaría mañana a vivir a cualquier casita en Coyoacán. A Madrid también”, comparte la manejadora de la cuenta International Hospitality Enterprises, que incluye comunicaciones y otras gestas promocionales del hotel La Concha, El Convento, Condado Vanderbilt, y al Double Tree by Hilton, entre otros establecimientos centrados en turismo.

Nelly se confiesa fiel a su intuición. A esa facultad de comprender las cosas sin necesidad de razonamiento. La sigue como se siguen los instintos. Sin mucho pre análisis, pero con una extraña y confiada forma de la confianza. Así las cosas, el pasado febrero, sin mayor resistencia corporal, ni previos hábitos de ejercicio que le sirvieran de preámbulo preparatorio, la viajera se propuso subir el pico Huayna Picchu, de 2,67 metros sobre el nivel del mar, en Perú.

Llegó a las 6:10 a.m. a los predios de la montaña. Buscó a un instructor. Le pidió que la guiara en un intento, solo en un intento, sin saber que ese intento al final del día sería un final logrado. Cuando llegó al tope, comenzó a llorar. Se emocionó. Gracias y poderes del instinto. Puertas de acceso a donde se junta el mar y la tierra y el cielo y todo.

Que eso también son los viajes. Horizontes al descubierto.

5 datos interesantes sobre esta viajera:

  • No volvería a Israel. No quisiera repetir la tensión militar que allí vivió.
  • Visitó las pirámides de Egipto. No le sorprendieron.
  • Aunque todos hablan de Santorini, Nelly prefiere mil veces Mykonos, si de Grecia se trata.
  • Viaja con el ojo atento a las joyas gastronómicas.
  • El año pasado, sin mucha planificación, viajó casi todos los meses.

 

Por Alejandra Rosa Morales