Es estilista, autogestora y negociante, pero sobre todo, es viajera. Tiene 40 años y su nombre es Laura Feliciano, aunque le conocen mejor como Laura “Om”.

Cuando la ahora dueña del salón de belleza Om Studio era niña, agarraba tijeras para recortarse sola. Algo tenía eso de entender su cabello que le resonaba.

Identificada esa sintonía, se mudó a California al cumplir sus 19 años. Llegó con arrojo, sin casa, sin carro y sin dinero. Consiguió tres empleos y los trabajó simultáneamente mientras estudiaba cosmetología y estrategias empresariales.

Durante seis años en suelo californiano, sumó destrezas, conocimientos y técnicas a su perfil. Laboró, aprendió, ahorró. Con estos verbos de preámbulo, comenzó a fraguar una cultura de viaje que todavía la define.

“Om” se propone viajar, al menos, tres veces al año, meta que desarrolló a sus 26 años. No por un fin de semana, ni siete días, sino durante un mes. Van ya 14 años desde que adoptó el “viajar sola y sin rumbo” como una especie de mantra. Así ha recorrido casi toda Latinoamérica como los países México, Colombia, Cuba y Brasil. Más adelante, Australia, Tailandia, Vietnam y España.

“Es un estilo de vida, y yo trabajo para eso”, comparte la trotamundos, quien comenzó sus rutinas de viaje despidiendo el año en diferentes destinos, “siempre de hostal y mochilera”, con la riqueza cultural de cada contexto visitado como único lujo.

Para lograrlo, se organiza económicamente. Se prepara.

“Ahorro bastante. Yo no gasto viajando, gasto no estando aquí. Mientras más tú te atas con responsabilidades económicas en tu país menos flexibilidad vas a tener para viajar, y esto te ata. Hay que tener un balance, y ahora estoy trabajando en eso”, afirma quien considera que “todo el mundo debería tener una tarjeta de crédito con millas para viajar”.

Cuando rememora sus viajes, suelta suspiros. Al golpe de aire le siguen anécdotas.

“Amo Latinoamérica. La conozco casi toda […] Se me hace familiar”.

Dice no cansarse de revisitar el suelo latinoamericano. A Brasil ha ido dos veces, habiéndose desplazado hacia el sur, el norte y el centro. A Argentina, ha regresado tres veces. A Chile, dos. A Uruguay, tres.

Por otro lado, de Asia le coquetea su bajo costo de vida y su espiritualidad, pues, aunque no profesa ninguna religión, “se siente un aire más calmado […]Lo único que entristece es la pobreza”, compartió.

Cuando la viajera comenzó sus travesías, adoraba visitar museos y catedrales y fijarse en modelos arquitectónicos. Ahora, más que a los edificios, prefiere prestarle atención a la gente, a la experiencia del “local”.

“Siempre va a haber alguien que ya pasó por donde tú vas a pasar. Es bueno siempre preguntar […] Lo mejor de viajar sola es que uno hace tantas amistades”, cuenta la puertorriqueña, quien se considera “viajera, no turista”.

La empresaria prefiere, totalmente, pequeños hostales antes que hoteles lujosos. Ahorra y coordina su agenda laboral alrededor de sus viajes.

Viajar tiene mucho de entender y, en palabras de la viajera, los hoteles suelen ser espacios alejados de la realidad, suelen ser fantasiosos. Desde este tipo de hospedaje, la estilista entiende que no se vive la experiencia humana del país.

Sin embargo, Laura confesó que en esta etapa de su vida, prefiere hospedarse en habitaciones individuales antes que en compartidas. Tiene ya un reloj de viajera que no necesariamente se ajusta al de la clientela joven que suele preferir este tipo de establecimiento hotelero.

Tras 14 años de viajes, ya no prefiere el ruido. Ahora le llama el aire libre. Viaja para respirar naturalezas. Recuerda con mucha emoción su estadía en Laos, Asia, donde pernoctó tres días en las casas de árbol más altas del mundo.

Dice sintonizar mejor con los aires tranquilos, esos de culturas diametralmente distintas al ajoro metropolitano. Se levanta temprano, recorre calles, ciudades, campos. Así transcurren muchos días cuando viaja sola, que suele ser siempre.

“Yo he tenido unas historias tan y tan gratificantes que no las cambiaría por nada. Desde caminar por sitios en La Patagonia sola, con los zapatos incorrectos, los tobillos hinchados, la mochila en la espalda, y necesitar “pon”, recordó entre risas.

“Yo digo que tengo como unos ángeles guardianes viajeros. Van por ahí con uno dándole la mano a uno. No creo que nada malo me vaya a pasar, en ningún momento”, confía.

Sus regresos siempre llegan cargados de sentimientos, unos alegres, otros pesados y varias veces ha retornado “Om” de viajes con punzadas densas en el techo, esas que pesan e hincan.

En Cuba, dejó dinero y ropa. En Colombia, conoció a un joven de 16 años que trabajaba como vendedor ambulante y dormía en las calles y a quien intentó adoptarle, pero no pudo pues, la burocracia del país lo imposibilitó. Así, regresó a Puerto Rico con pesares en el aura. Respirando esa pesadez que queda tras transitar una realidad indeseable y aguda. Y qué es la pobreza sino una punzada.

A su vez, ha vivido experiencias grises viajando. En Argentina, por ejemplo, se ha enfermado varias veces. En otra ocasión, un taxista le estafó. Cuba, por otro lado, no le pareció un lugar apto para una mujer soltera. A pesar de estas incidencias, la negociante aseguró que “el resto ha estado de show”.

“No me puedo quejar de nada”, dijo la viajera, quien regresó a Puerto Rico, en el 2002, e inauguró su primer salón de belleza. Arribó al suelo boricua con una maleta repleta de conocimientos y todas las intenciones de continuar viajando.

Su habilidad para teñir el cabello de colores, así como sus cortes asimétricos y trato a cabellos rizados, le han posicionado como una de las estilistas creativas más buscadas en Puerto Rico. Sus viajes, asegura, han influenciado su estilo de vestir y arreglo personal, así como sus gestas empresariales.

La también dueña del restaurante “B de Burro” lleva ya más de una década entendiendo rizos y texturas. Algunos entenderes los trajo con ella cuando regresó al país y otros los ha ido desarrollando en solitario. Sola. Sola viaja y sola redescubre trazos. Y así, con entenderes del cabello y de cada suelo andado, la aventurera planifica continuar redescubriendo viejas rutas y desea explorar otras nuevas entre las cuales figuran, México, Croacia e Italia. Destinos de viajera.

Laura Om ofreció 7 consejos de sus experiencias como trotamundos:

  • Estudia el destino que viajarás.
  • Ahorra, organízate económicamente.
  • Ten una tarjeta de crédito con millas para viajar.
  • Prefiere hostales a hoteles de lujo.
  • Viaja sola, atrévete, haz amistades.
  • Diseña, y sigue, un presupuesto diario para el viaje.
  • Observa a los redientes locales, pídeles a ellos recomendaciones.

 

Por: Alejandra Rosa